Por Ximena Rodríguez.
¿Qué podríamos destacar de este libro?
Para empezar, su tono humorístico. Creo que entretener con algo agradable no debe suponer que estemos en un estado de aburrimiento y contemplación.
¿Entonces sí hay conflictos, sólo que no son desagradables?
Exacto, para nada desagradables. No hay ninguna descripción morbosa, violenta o deliberadamente terrorífica.
¿Y cómo surgió la iniciativa?
Es el primer libro de narrativa publicado por Mañanes Editorial, que no quería quedarse estancada en que lo único «agradable» o placentero puede encontrarse en la inocencia de los cuentos infantiles o en la recreación poética. Fue un reto. De hecho, inicialmente lo titulé «Ensayo sobre lo social» y lo planteé como un ensayo narrativo porque había unas becas que financiaban la creación literaria de ensayos.
¿Entonces esta obra está financiada total o parcialmente?
No, en absoluto. ¡Creo que no entendieron mi humor! Y otra situación bastante cómica, o incluso ridícula es que ahora el libro se encuentra en un limbo entre lo erudito y lo mundano. Gracias a esto, quienes buscan profundizar en la realidad social lo encuentran falto de referencias y estudios científicos y sociológicos, pero quienes buscan reírse un rato no se atreven a comprar un libro con un título tan seco.
¿La solución sería cambiar el título?
Sí, definitivamente. Debería llamarse «¿Me habré metido en una secta?» Y sacar una edición de colores chillones y con una tipografía que cubra la cubierta entera, incluso cortando las palabras al siguiente renglón. Eso debería asustar a los eruditos.
¿Habrá segunda parte?
Sí, incluso pensé en hacer una trilogía: Ensayo sobre lo social, ensayo sobre lo antisocial y ensayo sobre lo asocial. Ahora con mi nueva estrategia de publicación, los títulos quedarían como: «¿Me habré metido en una secta?», «¿Me habré metido en otra secta?» y «¿Habré creado mi propia secta?». Aún no quiero prometer nada, porque el segundo está ambientado en… unos años después del primero. Así que aun podría tardar un tiempo en publicarlo, para que coincida con la ambientación.
¿Qué es lo que más le costó y lo que menos escribiendo sobre este tema?
Lo que más yo creo que fue ser respetuosa con cada uno de los grupos sociales a los que se alude, pero también buscando una sátira, una parodia que pudiera resonar lo suficiente con los lectores como potenciales conocedores de alguno de los grupos o incluso partícipes de ellos. Sin embargo, no es una burla, sino una forma de adentrarse de manera lúdica en reflexionar sobre la existencia de estos temas.
¿Ha recibido alguna queja de algún grupo que se sintiera identificado o mal representado?
No, pero es que tampoco se han vendido tantos libros. No es un ataque, es una narración ficticia donde se cuentan historias de situaciones que podrían ocurrir y se analizan distintas características en cada uno de los grupos. Cada alusión a una agrupación social le está dando un aire de misterio e intriga, porque si no, ¡no habría libro!
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